La ciencia ciudadana se refiere, en términos generales, a la participación activa de personas no profesionales en la investigación científica, desde la recopilación de datos hasta la formulación de problemas y la interpretación del conocimiento. Alan Irwin (1995), quien introdujo el término, enfatizó su potencial democrático, argumentando que la participación ciudadana puede acortar la distancia entre las instituciones científicas y el público, reconociendo que el conocimiento profano es esencial para abordar desafíos socioambientales complejos. De igual manera, Guston (1999) destacó los enfoques de gobernanza participativa, mostrando cómo la participación pública estructurada puede transformar la relación entre expertos, instituciones y sociedad, fortaleciendo la legitimidad y la confianza en la ciencia.
Otra rama importante de la ciencia ciudadana se basa en la investigación participativa comunitaria, particularmente en salud pública, justicia ambiental y planificación urbana. Académicas como Barbara Allen (2003, 2007) y Barbara Israel et al. (2010) destacan el diseño colaborativo de la investigación con las comunidades, donde el conocimiento local informa las preguntas de investigación, la recopilación e interpretación de datos. John Corburn (2005) conceptualiza la «ciencia de la calle», enfatizando la integración de la experiencia vivida con el conocimiento científico para producir evidencia más sensible al contexto y socialmente receptiva. Estos enfoques enmarcan la ciencia ciudadana como una metodología y una práctica política y social destinada a abordar las desigualdades y empoderar a las comunidades para influir en las políticas públicas y la gestión ambiental.
La comprensión contemporánea de la ciencia ciudadana reconoce su pluralidad y diversidad, tanto en su forma como en sus resultados. Rick Bonney y sus colegas (2016) distinguen entre modelos contributivos, colaborativos y de cocreación, que reflejan diferentes niveles de participación pública e influencia en la investigación. Muki Haklay (2013) también enfatiza el espectro de participación, desde la simple recopilación voluntaria de datos hasta la coproducción total de conocimiento. En todos estos modelos, la ciencia ciudadana se valora por generar datos robustos, así como por fomentar la comprensión pública de la ciencia, fortalecer la participación comunitaria y apoyar la toma de decisiones social y ambientalmente justa.
Referencias
Allen, B. L. (2003). Uneasy alchemy: Citizens and experts in Louisiana’s chemical corridor. MIT Press.
Allen, B. L. (2007). Citizen science, pollution, and power: A sideways look. Science as Culture, 16(2), 133–144. https://doi.org/10.1080/09505430701368908
Bonney, R., Phillips, T. B., Ballard, H. L., & Enck, J. W. (2016). Can citizen science enhance public understanding of science? Public Understanding of Science, 25(1), 2–16.
Corburn, J. (2005). Street science: Community knowledge and environmental health justice. MIT Press.
Guston, D. H. (1999). Evaluating the first U.S. consensus conference: The impact of the citizens’ panel on telecommunications and the future of democracy. Science, Technology, & Human Values, 24(4), 451–482. https://doi.org/10.1177/016224399902400402
Haklay, M. (2013). Citizen science and volunteered geographic information: Overview and typology. In D. Sui, S. Elwood & M. Goodchild (Eds.), Crowdsourcing geographic knowledge (pp. 105–122). Springer.
Irwin, A. (1995). Citizen science: A study of people, expertise and sustainable development. Routledge.
Israel, B. A., Eng, E., Schulz, A. J., & Parker, E. A. (2010). Methods in community-based participatory research for health (2nd ed.). Jossey-Bass.